Recomendaciones F1

Categoría: Articulos Publicado el Martes, 07 Enero 2014 Escrito por Super Usuario

5.2.5 CONSIDERACIONES GENERALES PARA LA DEFINICION DE METAS AMBIENTALES

La diversidad de problemas ambientales, sociales, culturales y económicos así como el número y diversidad de involucrados, caracterizan al proceso de definición de Metas Ambientales con un alto grado de complejidad. Es preciso ir estructurando una estrategia que vaya solucionando los problemas por paquetes y por etapas; sin embargo, esta estrategia debe estar enmarcada dentro de políticas ambientales y de saneamiento, que a su vez deberán ser definidas y ajustadas en forma interactiva con la información generada y con los resultados que se vayan obteniendo por las acciones tomadas. Estas metas serán las guías para la planificación estratégica ambiental y de saneamiento.

La meta ambiental debe reflejar las preferencias de la sociedad en términos de calidad ambiental; es importante que esta meta sea concertada con todos los sectores involucrados con el recurso hídrico, tanto los que causan daños relacionados con la contaminación como aquellos que los sufren. De esta forma, los costos y beneficios de la decisión, tanto económicos como ambientales y sociales, se introducen en la definición de la meta. La determinación de una meta ambiental es fundamental para el funcionamiento costo-efectivo de cualquier instrumento económico. Así mismo la meta sirve como una referencia para evaluar la efectividad del control y acciones tomadas

El punto de partida de la planificación estratégica del saneamiento es sin duda la definición de metas ambientales, que se constituyen en un auténtico hilo conductor que orienta y estimula el desarrollo de los procesos. En este acápite se mencionan varios aspectos que será importante considerar en el proceso de definición de las metas ambientales.

1. MANEJO INTEGRAL: Es necesario concebir el manejo de las cuencas receptoras en forma integral, esto es que incluya aspectos ambientales, sociales y económicos; saber que cualquier medida que se tome redundará en los otros aspectos; considerar a la cuenca hidrográfica como una unidad física donde ocurren muchas interacciones entre los diferentes actores y que es preciso reunirlos para concertar sobre las demandas, los objetivos, los valores y los intereses.

Se debe considerar al río como un bien público, que presta un servicio fundamental a la ciudad, que hay que cuidar y potenciar de tal forma que pueda prestar su servicio en mejores condiciones.

Para un manejo integral de la cuenca receptora es necesario tener como instrumento de trabajo un Plan Rector de Acciones e Inversiones, que incluya un Programa de Manejo y Descontaminación de los ríos, donde se especifiquen las metas y plazos, los procedimientos, los instrumentos de control y el financiamiento; todo enmarcado dentro de las políticas ambientales. A pesar de lo complejo que pueda parecer emprender en esta labor, se trata de ir resolviendo problemas específicos, grandes y pequeños en la perspectiva de una gran transformación; por eso, las acciones para el cambio más profundo pueden y deben empezar ahora.

2. DEMANDAS DE CALIDAD: Estas metas ambientales deberán estar en concordancia con los umbrales de tolerancia del río (usos y capacidad de asimilación), con la calidad actual del agua, con la relación beneficio-costo de las acciones, con la capacidad económica y financiera, con las políticas macroambientales. Las metas ambientales estarán en función de las demandas de calidad, determinadas aguas abajo del sitio donde se desea mejorar las condiciones actuales de calidad del agua.

Para establecer la depuración necesaria en el cauce de un río debe desarrollarse una acción dirigida a determinar la calidad del agua para diferentes usos y establecer los usos actuales y potenciales del agua; una vez establecidos los niveles de calidad en distintos tramos según los usos y aplicando los modelos de autodepuración a partir de las descargas, se establece la reducción de contaminación en el río, que sería un punto de partida para determinar los rendimientos exigibles en remoción.

En síntesis se deberá dar los siguientes pasos:

1    establecer las demandas de calidad del agua en los diferentes tramos del río, dependiendo de los usos actuales y potenciales y de la calidad actual existente

2    convenir los usos que se acepta dar a las aguas del río en los diferentes tramos

3    establecer los requerimientos mínimos de calidad que determinados parámetros claves deberían cumplir en cada tramo

4   a partir de los valores que deberían tener estos parámetros claves en los diferentes tramos, calcular los valores límite que deberían tener en los sitios de descarga (por ejemplo mediante modelos de autodepuración)

5   definida la diferencia entre estos valores deseables de los parámetros en la descarga y los valores reales, establecer las metas a lograr en las descargas, de manera que sean alcanzables en un plazo determinado.

Al establecer estas metas para las descargas se deberá considerar también:

1    las políticas macroambientales

2    la relación beneficio-costo de las acciones propuestas,

3    la necesidad de llegar a consensos entre los diferentes sectores involucrados: aquellos que causan los impactos, los que los sufren y quienes tienen la responsabilidad de controlarlos,

4    la disponibilidad real de información.

3. ETAPAS: La recuperación de los ríos (en especial del río Machángara) debe considerarse por etapas, gradualmente, fijándose metas por plazos determinados, de tal forma que en la primera las normas para vertidos sean más blandas. Las normas podrán variar si paulatinamente se va depurando o interviniendo en el cuerpo receptor, y se compruebe los resultados de las primeras medidas; para ésto será necesario controlar el cumplimiento de las normas y tener un seguimiento de las condiciones del río en el tiempo.

Con esta perspectiva, además se tiene otra ventaja, y es que las inversiones serán progresivas, en función a la situación alcanzada en la etapa anterior. Esta circunstancia puede viabilizar la partida del tratamiento y acciones a tomar porque las exigencias ambientales son menores y los costos disminuyen. Todo esta planificación se consolidará en un Programa de Recuperación de Cuerpos Receptores, donde este claro los objetivos, las metas y los plazos de las medidas a ejecutarse.

Por otra parte, la ejecución de las obras plantea serias dificultades de financiamiento:

1  Según las estimaciones del Plan Maestro para Alcantarillado de Quito, el costo de las medidas relacionadas con el saneamiento del río podría bordear los 300 millones de dólares, que difícilmente podrían ser financiados por organismos de desarrollo y demandarían pagos muy altos para la Empresa de Agua y Alcantarillado y los usuarios del servicio.

2  Los beneficios del saneamiento no se expresan con facilidad en cifras económicas apriori, por lo que el cobro a través de tasas no es fácil.

3  Demanda información que por el momento no está disponible. La caracterización del río, por ejemplo, se limita a una sóla campaña de muestreos. Obviamente esto no puede dar idea de las variaciones estacionales que experimenta el río ni su reacción ante descargas industriales de cierta magnitud, ni la reacción del río ante futuras acciones de remediación, por ejemplo.

Además no sólo se trata de invertir en obras de infraestrucutra, sino también en manejar mecanismos permanentes de contacto con la comunidad, puesto que:

1  Requiere de consensos entre sectores con diferentes intereses, que deben financiar las medidas de remediación, lo que por lo general implica un proceso de diálogo permanente.

2  Implica el diseño, montaje y ajuste de mecanismos de control, así como un soporte legal sólido que permita ejercer la autoridad.

3  Determinados cambios culturales, como por ejemplo: considerar los ríos y quebradas como refugios de vida y confort social y no como botaderos de basura, aceptar el pago de tasas para financiar acciones que benefician a usuarios aguas abajo, etc.

En consecuencia, siempre que se habla de metas ambientales se está presuponiendo que éstas se refieren a una etapa determinada, de cuyos resultados dependen las metas de la siguiente etapa.

4. PLAZOS: Aunque parece obvio que cada vez que se plantea una meta debe indicarse también el plazo en el que se debe cumplirla, no es raro que se omita hacerlo en la práctica, sobre todo cuando quien debe cumplir la meta no participa en el proceso de decisión. No definir un plazo por lo general conduce a una indefinición del inicio de las actividades y a una prolongación innecesaria de los procesos. Algo similar sucede si los plazos son demasiado largos. Por el contrario, si los plazos son demasiado cortos las actividades suelen iniciarse de inmediato, pero las metas no se cumplen y se genera frustración y desconfianza en la planificación misma, de manera que el plazo debe estar a la medida de la meta y debe fijarse, a la medida de lo posible, en base a la experiencia práctica en las actividades por realizar, incluyendo un razonable margen de seguridad.

Con frecuencia suele ser necesario reajustar un plazo, a veces por que realmente se han presentado imprevistos, pero más frecuentemente porque ha sido establecido a la ligera, orientado más por lo que uno desearía que suceda y no por lo que verdaderamente se hubiera podido prever, en una base a información objetiva sobre los procesos. Cada reajuste de plazo mina la credibilidad en la meta y la seriedad del control, por lo que es importante que al reajustar el plazo se corrija los errores cometidos en la apreciación anterior. Además es sin duda mejor no esperar a que el plazo expire, sino proceder en cuanto se detecta la imposibilidad de cumplirlo. 

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