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Categoría: Articulos Publicado el Domingo, 01 Septiembre 2013 Escrito por Super Usuario

1.2.2   CONTROL DE EFLUENTES  INDUSTRIALES

Como se justifica a continuación, no es posible definir una política de saneamiento para Quito sin reglas claras y aplicables sobre el manejo de las descargas industriales, incluso en las condiciones actuales de desarrollo industrial incipiente.

Según algunos estudios realizados por la Dirección de Medio Ambiente Municipal, que es la responsable del control de los efluentes industriales, el sector industrial descarga cerca del 20% de la carga orgánica del río Machángara. Sin embargo, analicemos los efectos sobre el río que causan los contaminantes, divididos en dos grandes grupos:

1. Si tomamos en cuenta sólo una parte de la contaminación, las cargas orgánicas, podemos decir que el río, luego de pasar por tramos críticos dentro de la ciudad, se autodepura rápidamente y apenas a unos 40 kilómetros saliendo de la ciudad ya está en condiciones aceptables en términos de DBO, DQO y OD. Debido a ésto y por prácticamente no existir usos del agua, se ha concluido que por ahora la remoción de este tipo de cargas no es relevante.

Para combatir este tipo de contaminación se podría interceptar ciertos tramos críticos o se podría depurar parcialmente a la salida de los colectores, como se menciona en el numeral 5.2.1. y trasladar los costos de inversiones y mantenimiento a la tasa de manejo, como se mencionará en el numeral 5.2.4.

2. Si tomamos en cuenta la otra parte de la contaminación sobre los ríos, los compuestos difíciles de degradar o sedimentar y compuestos tóxicos y/o inhibidores para la población bacteriana (como detergentes, aceites, metales pesados, pesticidas, tinturas, complejos nitrogenados, etc.), encontramos que éstos provocan mayores impactos, y de mayor duración, sobre las condiciones del río, siendo necesaria para su reciclaje la intervención del hombre. Recordemos que el  río se autodepura en gran medida, porque en él viven millones de organismos que son los que se encargan de la tarea de depuración de la carga orgánica; sin la actividad incesante de estos organismos el río tendría la capacidad de transportar la contaminación lejos de la ciudad, pero no podría transformar la materia orgánica.

También es verdad que el impacto de estos compuestos depende directamente de las concentraciones encontradas;  por ésto las diluciones que se efectúan, con los nuevos aportes de aguas no contaminadas, disminuye notablemente los efectos adversos. Sin embargo este efecto es variable en función de que la temporada sea seca o lluviosa y, considerando que aguas abajo existe una captación para abastecimiento público en la ciudad de Esmeraldas, es muy importante poner atención en las concentraciones que se alcanzan en este punto, y si son o no admisibles sin poner en peligro la salud de la población. Por otra parte, estos elementos se acumulan en los sedimentos en los estuarios, que con frecuencia son una fuente de producción de alimentos, entre ellos moluscos, cuya gran capacidad de bioacumulación de tóxicos puede convertirlos en peligrosos para el consumo humano.

Por millones de años la naturaleza se ha estado especializando en la reutilización de la materia orgánica, pero aún no ha aprendido a reutilizar los nuevos compuestos creados por el hombre. En consecuencia, son éstos los que provocan mayores impactos sobre las condiciones del río, y de mayor duración, y demandan para su reciclaje la intervención del hombre.

La única reacción que la naturaleza puede instrumentar contra este tipo de contaminación es distribuirla ampliamente, mediante el transporte y dilución con otras aguas, de manera que al disminuir su concentración disminuyan también sus efectos adversos.

En el caso concreto de la ciudad de Quito, el efecto más grave de la contaminación producida por sus descargas lo sufre ya probablemente la ciudad de Esmeraldas, situada 300 Km aguas abajo, pues a más de los problemas que causa el agua contaminada en la biota del estuario y la población que mora en las orillas o está en contacto con el agua, existe una captación para abastecimiento público que usa agua del río Esmeraldas, cuyos tributarios son los ríos de Quito.

Por estas razones creo que la política de saneamiento deberá fundamentarse en el control de industrias, para que no se incrementen las descargas contaminantes no biodegradables, para que se reduzcan los vertidos directos al río, para que se remueva las sustancias nocivas; sobre todo en industrias que se encuentran dentro de la ciudad, donde como ya se dijo es el tramo más crítico.

Los instrumentos de control estarán basados en el establecimiento de normas de intervención sobre los efluentes contaminantes, que todos los industriales deben cumplir sin excepción. Estas normas deberán corresponder a los objetivos de las metas ambientales acordadas a cumplir en cierto plazo, e ir ajustándose en el tiempo conforme se logre los objetivos y se verifique los resultados de la imposición de la norma; esto he denominado como Normas Dinámicas.

Para la aplicabilidad de este mecanismo de control se debe contar con una información amplia y sistemática de datos sobre las descargas y parámetros de calidad, tecnologías y costos de descontaminación, que permitan establecer estos niveles de exigencia.

Además es necesario que exista una Autoridad Ambiental capaz de auditar e imponer normas preestablecidas en consenso entre los diferentes sectores involucrados en el problema de contaminación industrial.  Un control es efectivo si se logra calidad ambiental a un costo de cumplimiento razonable. Este tema será nuevamente tocado en el acápite 5.2.4.

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